lunes, 6 de abril de 2009

Contemplad

Es él el ojo que todo lo ve, ansiando beber tu sangre y desgarrar tu tierna carne. Él camina, omnipresente, por donde nadie debe caminar, y entierra minas de tiempo bajo los pies de los mortales. Él conoce las horas de nuestras vidas y nuestras muertes, él reina y canta, con labios escarlata, el himno de nuestra desesperación. Alimentaos de los que han perecido, o de los vivos, mas alimentaos, pues la llegada del ojo que todo lo ve devastará tus fuerzas. Jamás podremos escondernos.